La Edad Media vende, y esta primera parte de la septalogía de G. Martin, Juego de tronos (Canción de hielo y fuego, 1), así lo demuestra, una vez más.En un mundo de ambiente medieval, donde las relaciones de vasallaje están a la orden del día, las mujeres, dominadas por sus hombres, las espadas de buen acero -valyrio- afiladas y la magia de regreso, Eddard Stark descubre el secreto que le cuesta la vida, tras acudir de nuevo junto a su amigo y rey, Robert Baratheon. La familia Stark, la del estandarte del lobo huargo, reclama para sí honor y venganza, justo cuando la sombra de los antiguos Targaryen planea de nuevo...
¿Y qué tiene de nuevo esta historia, a la estela del genial Señor de los Anillos? Posiblemente la presentación de la novela, dividida en capítulos, encabezados por el nombre del protagonista que aparece en esas páginas. A lo largo del libro, varias situaciones son presentadas desde la óptica de los distintos personajes, de forma que no existe un narrador omnisciente y, al mismo tiempo, se permite al lector ir configurando la trama general que se desarrollará a lo largo de las seis entregas siguientes.
También importante la configuración de esos mismos personajes, destacando con personalidad propia el bastardo Jon Nieve, que se debate entre el honor, la necesidad de reconocimiento familiar y su propia búsqueda de sentido. Y, por supuesto, Tyrion Lannister, el Gnomo, con la facilidad de ser amado y odiado a la vez por el lector; a mi gusto, uno de los mejores de toda la trama: astuto, inteligente, con capacidad de reirse y aprovechar su propia discapacidad.
El libro ha dado origen a un videojuego y una serie de televisión, cuya entradilla podéis escuchar pinchando aquí.